viernes, 22 de abril de 2016

IMPLICACIONES DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL EN LA EDUCACIÓN PRIMARIA

IMPLICACIONES DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL EN LA EDUCACIÓN PRIMARIA


Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=gKAeocn9cMA


Las implicaciones de la educación emocional en la educación primaria son cada vez más importantes el los centros educativos.

Es relevante lo que causamos en los educando para todo tipo de aspectos en la formación humana.

Existen muchos estudios, documentos, textos, documentales e investigaciones al respecto, por ejemplo, encontramos algunos libros respetables sobre el tema:

      

Sin embargo, lo primero que debe existir en el aula, de parte de los docentes y padres como apoyo en el hogar,  es la voluntad de tener en cuenta el manejo y cuidado de las emociones de la manera más asertiva.


En el artículo titulado EL DESARROLLO EMOCIONAL EN LA EDUCACIÓN PRIMARIA (6-12 AÑOS), Pedro Gallardo Vásquez (Universidad de Sevilla, 2.007), se tratan de clarificar, desde la perspectiva del enfoque cognitivo evolutivo, algunas ideas sobre el desarrollo emocional del niño en la etapa de educación primaria, subrayando la importancia de la comprensión de la ambivalencia emocional, el desarrollo de la toma de perspectiva emocional y la comprensión de las emociones y el desarrollo de la autorregulación emocional en la formación de la personalidad de los niños y niñas de 6 a 12 años.

De éste documento se pueden rescatar ideas fundamentales para plantear el proyecto educativo en la Educación Básica Primaria, desde el manejo de la inteligencia emocional, dirigido a la preparación académica y el alcance de logros a todo nivel. Por ejemplo, tenemos en primera medida, el desarrollo emocional visto desde la relevancia que tiene que los distintos ambientes interactúen y que resulten constructivos. Hay que hacer lo posible para que la vida del niño transcurra en un clima de amor, comprensión, seguridad y afecto. 

Desde que los bebés son muy pequeños, experimentan y expresan emociones de diferente índole. Un bebé de pocos meses sonríe a placer cuando es acariciado en brazos de su madre o su padre y, al poco rato, puede mostrar su enfado cuando se le acuesta y deja sólo en su cuna para que duerma una siesta. En realidad, desde el mismo momento del nacimiento es posible observar en los bebés claras reacciones de agrado y desagrado ante diferentes situaciones (agrado al ser acariciado o alimentado, malestar cuando tiene sueño o hambre) con un importante valor comunicativo.

Las investigaciones realizadas en los últimos veinte años han puesto de manifiesto que las habilidades emocionales y sociales en los niños se relacionan con su rendimiento académico temprano (Wentzel y Asher, 1995), mostrando que los niños tienen dificultades para prestar atención, seguir instrucciones, llevarse bien con los demás y controlar las emociones negativas de enojo y angustia (Arnold et al., 1999; McClelland et. al. 2000). En el caso de muchos niños, el logro académico durante los primeros dos o tres años de formación escolar parece tener fundamento en una base sólida de sus habilidades emocionales y sociales (O`Neil et al., 1997; Ladd, Kochenderfer y Coleman, 1997). Considerando estas aportaciones, parece evidente que el ajuste emocional de los niños juega un rol importante en la predicción de la probabilidad de su éxito escolar,

No obstante, aunque la etapa de educación primaria es muy amplia, ya que comprende tres ciclos de dos cursos académicos cada uno, con lo cual habrá que tener en cuenta que el desarrollo se produce paulatina y progresivamente, podríamos decir que, respecto al desarrollo emocional se caracteriza por los aspectos siguientes (Herrera, Ramírez y Roa, 2004:263): 

 a) Un alto y positivo sentimiento en el niño de sí mismo: físico, psíquico y social; manifestado por un comportamiento en el que destaca su confianza en sí mismo, en su poder, en sus ganas de hacerse notar, de hacerse valer; aunque muestra ansiedad en situaciones frustrantes que empieza a aprender a controlar. 
 
 b) Una actitud optimista y alegre o desenfadada, controlando sus temores con facilidad, haciendo gala de buen humor, realizando travesuras y sin que nada le preocupe. c) Una serenidad global en sus emociones, manejando y controlando su voluntad con facilidad, superando temores y fobias, lo que le permite mejorar cualitativamente su desarrollo intelectual. En esta etapa, el abanico de referentes de los niños va abriéndose, cada vez más, del ámbito familiar al escolar y social. Si bien los padres y hermanos continúan siendo modelos para ellos, también comienzan a serlo maestros, compañeros, amigos y otras personas significativas de su entorno próximo y distal. A medida que el niño adquiere mayor capacidad cognitiva, va ampliando la relación social y crece la posibilidad de control emocional condicionado por la propia cultura (Renom, 2003:25). 

La responsabilidad de los padres, pero, ante todo de los dicentes radica en que además de tener sutileza y firmeza bien equilibradas para el manejo de la educación emocional en el aula, es decir, en las actividades y espacios pedagógicos, es vital jugar a demostrar a los estudiantes que alrededor del juego de las emociones se pueden cambiar o empeorar situaciones y condiciones y que de tal manera, su actitud frente a las circunstancias hace que sus logros sean más o menos cercanos de alcanzar.


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